Muerte perinatal: A tí, mi pequeño gran maestro de vida

Hello people!

Hace unos días recibí un mensaje de una persona que me tocó el corazón, así que me he decidido de nuevo a contar un poco nuestra historia, mi historia, la de mi pequeño maestro de vida, mi hijo Toni.

Como os decía, una mamá me contacto para saber que hacer o dónde acudir, porque se encontraba en una situación similar a la que nos encontramos nosotros, hace ya 4 años.
Sois muchos los que os habéis incorporado a mí blog recientemente, así que voy a contar nuestra historia.

Como ya sabéis nosotros perdimos a nuestro pequeño Toni, cuando estaba de 28 semanas de gestación.

Tuve a mi hijo en el Hospital Casa Maternidad de Barcelona (que pertenece al Hospital Clínic de Barcelona), en este hospital me han llevado el embarazo y parto de mis dos hijos.

Tengo que decir, que en mi caso tuve problemas en el embarazo desde la semana 12, ya que el Triple Screening daba un valor muy bajo para el Síndrome de Edwards, así que nos aconsejaron realizarnos una Biopsia Corial para descartar esta posible alteración genética en el bebé, ya que es una enfermedad con múltiples malformaciones y en la mayoría de los casos no supera el año de vida.
Tras la prueba, que afortunadamente salió negativa, vino un seguimiento exhaustivo de largas horas y días en el hospital; ecografías cada 72 horas, analítica constantes, y controles en dos departamentos diferentes prematuridad y C.I.R (crecimiento intrauterino retardado). Nuestro bebé no crecía ni tenía un desarrollo normal, por ello estábamos tan controlados tenían que comprobar que todo estuviera dentro de unos parámetros hasta la semana 27, que empecé con contracciones y pérdidas.

En la última visita, habíamos decidido junto al equipo médico, que lo mejor en mi estado era esperar hasta la semana 30 de gestación para poder realizar una cesárea, porque una parto vaginal con un bebé de a penas 600 gramos era un riesgo, debido a que sería un sufrimiento añadido pasar por el canal del parto, además que en ese momento era inviable la vida de mi hijo fuera de mi útero, así que debía aguantar esas dos semanas sin ponerme de parto.

El domingo 18 de Enero,  vinieron a verme de sorpresa todas mis amigas, no faltó ni una, para arroparme en este duro momento de médicos y reposo absoluto que estaba llevando hacia unos meses.
Como es de curiosa la vida, ese día me notaba rarísima, mi cuerpo no estaba como otros días, mi hijo se movía pero algo me estaba pasando y no era consciente de lo que iba a suceder.
Tenía la sensación de que mi barriga pesaba demasiado, como si tuviera que sujetarla para no se cayese.

Tras la visita de mis amigas, vino la noche fatídica.
Mucho tiempo después entendí que mi hijo quiso despedirse de cada una de ellas, quería que me arroparan para no estar sola, para no sentirme nunca sola, ante lo que la vida me tenía deparado. No creo en las casualidades, todo pasar por alguna razón, y mi corazón me dice que mi hijo elegió ese momento.

La madrugada del domingo al lunes 19 de Enero, me desperté sobresaltada sobre las 4:30 de la mañana, con un dolor de ovarios repentino que no entendía muy bien a que venía. Días antes estaba con contracciones, pero para los médicos todo lo que me ocurría entraba dentro de la normalidad.
Después de estar unas horas con contracciones en casa, entendí que algo no iba bien, las contracciones iban a más y eran ya dolorosas. Tenía visita a las 9 de la mañana pero decidí irme al hospital.
De camino al hospital, ingenua de mí, le decía a mi marido mientras el pobre corría con el coche, no me encuentro bien, algo no va bien, menos mal que cuando llegue me darán algo para paliar los dolores y parar las contracciones.

En un momento de estrés tan traumatico el que estaba viviendo, mi mente se bloqueó, no razonaba; tiempo después entendí que estaba de parto y que no había nadie, ni medicación que pudiera pararlo.

Lamentablemente, cuando llegué casi a las 8 de la mañana me pasaron corriendo a un box de urgencias, el ecógrafo no iba bien, así que decidieron me cambiaron a otro box en el que si ya se pudo ver bien la imagen de mi bebé.
Ahí estaba, yo lo veía, pero no entendía la cara de mi marido, hasta que, de repente, me dijeron NO HAY LATIDO.
Yo no podía entender lo que había escuchado, así que dije no puede mirarlo de nuevo.
LO SIENTO Sandra NO HAY LATIDO, y ahí mi mente se fue, me desgarré dolor, no podía ser, me quería morir yo también.

Tras ese momento nos dejaron un rato tranquilos, poco después llegó la ginecóloga con la enfermera nos dijeron que mi bebé ya no tenía vida, así que iban a esperar a que se desencadenara el parto, me trasladarían a una habitación a esperar que llegara el momento, ahora vendrían a buscarme para el traslado a planta.

Yo seguía con contracciones en un box de urgencias, y tenía ganas de ir al lavabo, así que la enfermera me ayudó a incorporarme de la camilla y trasladarme al lavabo que había en el mismo box… Ya no había que esperar, le grité a mi marido que llamara corriendo que mi bebé tenía prisa por nacer.
Se pensaron que era del mismo shock de la pérdida, así que vino la enfermera a tranquilizarme porque al ser primeriza pensaban que tardaría horas en parir, así que grité que vinieran corriendo que tenía a mi hijo en las manos. La cara de asombro de la enfermera al verme caminar sujetando el cuerpecito de mi hijo, me hizo ver que no esperaban que todo fuera tan rápido, no fui la única sorprendida en ese box.

Tras el primer impacto, me ayudaron a reincorporame en la camilla mientras sujetaba el cuerpo de mi hijo ya que mi hijo venía de nalgas. Una vez en la camilla entraron, no os podría decir cuanta gente, porque yo solo veía muchas cabezas y mucha gente gritando. Una de las comadronas de urgencias me indicaba en todo momento que lo estaba haciendo genial y que me pondrían algo para relajarme. Fue todo tan rápido que apenas podía respirar, me faltaba el aire, no podía reaccionar.

Lleguéal hospital casi a las 8 de la mañana y mi hijo nacía de manera natural, a las 8:40 de la mañana con apenas 600 gramos, sin vida, pero nacía para irse a otro lugar desde el que me acompaña cada día.

Tras el parto nos llevaron al quirófano de partos, la ginecóloga nos explicó me trasladarían después a planta a una habitación en la que estaría sola para estar tranquila. 
Sus palabras se gravaron en mi memoria: «Sandra, ha ido todo muy rápido, sé que no te ha dado tiempo a gestinarlo, ahora no lo ves, pero que todo haya sido tan rápido lo agradecerás en un futuro».

Y cierto, en ese momento no lo entendí, incluso sus palabras me parecieron una broma, pero tiempo después si que lo agradecí, porque mamás como yo, tardan horas incluso días en parir a su hijo sin vida, una espera agónica, para que se produzca el desenlace de ver nacer a tu hijo sin vida.

Nos preguntaron si queríamos ver a nuestro hijo y poder despedirnos de él, aceptamos, nos lo trajeron, lo vimos tan pequeño, con sus manos, un moreno precioso, mi hijo, al que yo anhelaba durante años.
Recuerdo que mi marido me dijo mientras tenía a mi hijo en brazos que quería hacerle una foto, le dije que no, y la verdad que lo lamentó muchísimo, porque en ese momento no me pareció buena idea, pero ahora sería algo que tendríamos a parte de sus huellas. Un recuerdo más.

Después nos trasladarían a la habitación individual. Todos el personal era conocedor de lo que nos había pasado, nos encontramos a compañeras por el camino porque mi marido trabajaba allí, nos arroparon en un momento tan duro, dándonos abrazos y besos. No había palabras de consuelo.
Así que tal y como entro la enfermera le pedí que me trajeran la medicación para que no me subiera la leche.
A media a mañana nos visitó la asistenta social y para indicarnos que teníamos que enterrar a nuestro hijo ya que superaba las 25 semanas de gestación. Tendría que firmar varios documentos para gestinarlo todo, nos explico todo lo que tendríamos que hacer para solicitar mi prestación por maternidad, ya que por las semanas de gestación me correspondía. Mientras nos explicaban todo, yo no podía asimilar todo lo que me decían porque solo oía a los bebés de la planta, ya no había dolor ni contracciones, mi bebé ya no estaba conmigo, no entendía nada… Después de la comida solicité el alta voluntaria, físicamente me encontraba bien, ya hacía horas que deambulaba por la habitación, seguir en esa habitación y oír a las mamas y a sus bebés no me haría encontrarme mejor, sino que hacía que mi angustía aumentara.

Nos fuimos a casa y a partir de ahí seguimos nuestro duelo solo, buscamos ayuda, pero de esto os hablaré en otro momento.    

Me he decidido a reescribir mi historia porque entiendo que es necesario hacerlo, darle voz a los que no están con nosotros físicamente, pero si lo están en nuestros pensamientos y corazones.
Sin duda, es una buena forma de ayudar a las familias que se encuentran en este proceso, que desgradaciadamente son muchas en nuestro país.

Por falta de información, esas familias se encuentran muchas veces en una situación de desamparo, porque no saben donde acudir para paliar ese dolor tan grande que produce la muerte de un hijo en estas circunstancias.

Sigue siendo un tema tabú, nadie te habla de la muerte perinatal, y esto también es maternidad, es la sombra, la parte de oscura pero nosotras también somos madres, hemos parido, nuestro hijo ha nacido aunque sea sin vida.
El tapar este echo, el no reconocerlo, es también no reconocer a nuestros hijos, esos que conforman nuestro núcleo familiar.

Por eso quiero hacer hincapié en este tema, porque cada vez son más las familias que pasan por este duro camino y tenemos que ayudar a que lo transiten de una manera sana, para así cicatrizar la herida. Porque esto te marca de por vida, seguirás adelante porque ni el tiempo ni la vida se para por nada ni por nadie, pero tu hijo seguirá en tu corazón ayudándote a aprender a vivir de nuevo.

Una historia, mi historia con sus luces y sus sombras, esto también es una parte de la maternidad, su parte oscura, pero en definitiva es el ciclo de la vida, vida y muerte por mucho que nos duela.
 
También quiero aprovechar este post para agradecer a todo el personal médico que me han asistido en mis dos embarazos y partos, Dra. Cobo, Dra. Crispi y Dra. Eixarch, Dr. Figueras, enfermeras, auxiliares, camilleros…  Aunque ya lo saben porque les dí las gracias muchas veces en persona, no esta de más decirlo aquí.
GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS a todo el personal porque es importante tener un equipo humano que sepa empatiza y acompaña al paciente en este duro trance. 

En otro post hablaremos del duelo y gestionamos este proceso. Nos vemos muy pronto en un nuevo post.

Kisses.

 

 

 

6 comentarios en “Muerte perinatal: A tí, mi pequeño gran maestro de vida

  1. Acabo de pasar por algo similar… mi pequeña tenía una cardiopatía muy severa , tuvimos que tomar la decisión más difícil de nuestra vida… en unos minutos la vida coge un giro inesperado e entras en una pesadilla… estoy rota por dentro, perdí a mi niña con 23 semanas… con mucho miedo a no poder ser mamá nunca…

    • Buenas tardes Margo,
      Antes de nada, sobretodo decirte que lamento muchísimo tu perdida, nadie debería pasar por una pérdida como esta.
      La vida nos depara pruebas muy dolorosas y que creemos no podremos sobrellevar, no digo superar, pues la pérdida de un hijo no se supera nunca, se aprende a vivir con ello.

      Ésta sin duda es la prueba más dura, pero estoy segura de que la vida te ofrecerá otros caminos. Ahora lo importante es buscar ayuda para sobrellevar la pérdida y transitar ese duelo de una manera sana. No olvides que TÚ ya eres madre y lo serás siempre de una ESTRELLA preciosa que te protegerá y guiará.

      Cuando estés lista, podrás volver a quedarte embarazada, ese miedo y esa inocencia del primer embarazo ya no estará, lo vivirás de un modo diferente, pero no tiene porque volver a pasarte lo mismo.

      Te mando un beso y abrazo enorme que espero te reconforten. Cualquier cosa que necesites por aquí estaré.

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